El miedo me acompaña

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Desde pequeños se nos enseña a no hacerle caso al miedo, se nos dice “no tengas miedo”, “se valiente” especialmente a los niños más que a las niñasLos niños por cómo se les educa tienen muy difícil sentir y mostrar el miedo delante de los demás. A las niñas normalmente, se les sobreprotege, y de esta forma tampoco se les deja entrar en el miedo.

Todos los mamíferos tenemos miedo, porque el miedo está en nuestro cerebro, concretamente en la amígdala y es ahí donde se procesan las emociones básicas. Necesitamos el miedo para sobrevivir y gracias al miedo hemos salido adelante como especie.   

Podemos identificar dos tipos de miedo: el miedo real y el miedo imaginario. El miedo real sería cuando percibimos un peligro físico de muerte, y el miedo imaginario sería cuando no existe una amenaza de muerte real, y aún así se producen diferentes reacciones en el cuerpo. 

Algunos de los miedos más comunes son: Miedo a morir, miedo a no ser aceptado, miedo al dolor, miedo a sentirnos vulnerables y débiles, miedo a hablar en público, miedo a fracasar, miedo a las alturas, miedo a los insectos, miedo a la soledad, miedo a no ser querido, y podríamos seguir con una lista infinita de miedos.

¿Cómo se manifiesta en mi cuerpo y cómo lo puedo distinguir? 

Temblores, sudor, tensión muscular, malestar en el estómago, paralización, bloqueo, el corazón se acelera,etc. Todas estas respuestas automáticas que genera nuestro cuerpo nos facilitan reaccionar o anticipar un peligro o amenaza. Por lo tanto nos pone en una actitud de tensión y alerta.

Podemos hablar de 4 reacciones ante una situación de miedo:

1. Reacción de huida:  La huida rápida es una condición básica de supervivencia, automáticamente nuestro cuerpo detecta un peligro real o imaginario y utiliza todos los recursos que tiene para huir. Por ejemplo, si he hecho algo mal en el trabajo, en vez de afrontarlo, me voy a casa sin decir que he sido yo quien ha cometido el error.

2. Reacción de paralización:  A nivel evolutivo, esta respuesta se daba para sobrevivir, a veces la mejor estrategia era quedarse quieto, antes que huir ante un animal más grande que nosotros. Por ejemplo, tengo que dar una conferencia enfrente de 100 personas, y cuando llega el momento, al estar tan nervioso y con miedo de ver a tanta gente, en vez de hablar, me paralizo y no me salen las palabras.

3.Reacción de defensa: Ante algo que percibimos como una amenaza a nuestra integridad física nos defendemos. Esta reacción de defensa en el resto de los mamíferos es agresiva, y en los humanos también puede serla, pero no tiene porqué. Podemos reaccionar, a nuestros miedos enfrentándonos y planteándoles cara sin llegar a ser agresivos. Por ejemplo, llevo preparando un trabajo muy importante con varios compañeros, y en el momento de entregarlo, no se menciona mi nombre, entonces voy a explicar que yo también he colaborado. 

4, Reacción de sumisión: Ante una situación de miedo, el animal se rendía, dejándose devorar por su depredador. En el caso de los humanos, nos dejaríamos vencer por el miedo, y éste se apoderaría de nuestra vida y le daríamos todo el control.  Por ejemplo, estoy en búsqueda de empleo y me llaman para una entrevista, que me va muy bien. Al cabo de una semana todavía no me han dado respuesta, y me resigno, y no busco nada más, y tampoco llamo a la empresa para ver qué ha pasado. 

5. Sobreprotección: Ante una situación de miedo, me protejo exageradamente. Si sé por ejemplo, que me han puesto una multa por exceso de velocidad, y tengo miedo a que me pongan otra,  una reacción de sobreprotección sería en vez de ir a 150, ir a 70 por la autopista. Aquí nos vamos al polo opuesto de la situación. 

¿El miedo es una emoción negativa? ¿Es necesario tener miedo? 

Antes hablaba de que normalmente se tacha al miedo como una emoción negativa, porque no es una emoción agradable, y porque puede llegar a ser tóxico paralizando nuestra vida y impidiéndonos vivir nuestro día a día con tranquilidad.  Pero a mí no me gusta clasificar al miedo como una emoción negativa, porque si fuese así, estaríamos obviando que el miedo existe por una razón, para ayudarnos a ser prudentes. Si soy prudente, se que no voy a cruzar la calle cuando los coches estén pasando, no voy a gastarme todos mis ahorros a principios de mes, o no voy a tirarme al mar si no sé nadar. 

Hay algunas personas que dicen no tener miedo a nada, o a casi nada, sí es así ,es que tienen miedo a sentir el miedo, y probablemente muchas de sus emociones. 

 Es necesario tener miedo, para poder vivir y seguir adelante con nuestra vida. El miedo nos ha de acompañar , ha de ser nuestro aliado, no nuestro enemigo. 

¿Qué podemos hacer con nuestro miedo? 

Para poder gestionar el miedo, hay que comenzar por aceptarlo tal cual es. Reconocer que el miedo es nuestro eterno compañero de vida, que el miedo es el que nos da la oportunidad de superar nuestras limitaciones, tanto las conocidas como  de las que no somos conscientes y volvernos cada vez más fuertes y más capaces.Esto no quiere decir reaccionar en forma de sumisión, ni resignarse, sólo quiere decir, que podemos actuar y afrontar nuestro miedo, mirarlo a la cara, o ser víctima de nuestro miedo, y dejarnos vencer por él. 

Al reconocer la sensación del miedo, ya sean escalofríos, sudores, o tensión entonces podemos ser capaces de expresarlo, permitírnoslo sentir, sin reprimirlo.

No se trata por tanto de eliminar el miedo, sino de que nos acompañe durante el proceso de conocernos más a nosotros mismos. Una vez que  reconocemos y la aceptamos nuestras emociones, entonces y sólo entonces, ellas se alejarán de manera natural.

Si reprimimos o negamos el miedo entonces seguirá presente, tiñendo nuestra vida y nuestro cuerpo de miedo. Esta emoción estará esperando a que les demos una oportunidad de expresarse, y de obtener un espacio en nosotros. 

Muchas veces, para sostener nuestros miedos es necesario pedir ayuda, porque a veces son demasiado intensos y no podemos gestionarlos. En estas ocasiones, te recomiendo que vayas a terapia y te permitas desde un lugar seguro, experimentar tus miedos. 

“El miedo nos da la oportunidad de superar nuestras limitaciones, tanto las conocidas como de las que no somos conscientes y volvernos cada vez más fuertes y más capaces de vivir nuestra vida con más confianza”.

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