La exigencia pesa

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¿Cuántas veces nos hemos machacado, criticado, culpado a nosotros mismos cuando hay algo que no ha salido como esperábamos? ¿Cuántas veces hemos dado vueltas a un mismo tema porque no estábamos contentos con nuestra actuación o con nuestra manera de comportarnos? La exigencia pesa. Pesa mucho. Nos ata, nos limita y nos bloquea. Tanto, que a veces, no nos deja respirar. No nos permite relacionarnos de forma tranquila y libre. ¿Qué pasaría si pudiéramos gestionar esta exigencia de otra manera? ¿Qué pasaría si nos diéramos el permiso para equivocarnos y no ser perfectos? Aunque la exigencia tiene muy buena prensa, no es oro todo lo que reluce. 

Exigencia viene del verbo en latín exigere que significa: Hacer, salir, empujar, llevar a término, discutir y reclamar. Como vemos hay un significado de empujarnos hacia algo, incluso forzarnos, movernos hacia algún lugar diferente del que estamos.

Cómo hemos dicho anteriormente, es un concepto que está bien visto y se premia. Buscamos la perfección y hacer las cosas bien, no conformarnos con lo justo. Y realmente, hay una parte, donde la exigencia nos ayuda. Sí, nos ayuda a movernos y no quedarnos parados. Nos ayuda a buscar la mejor parte de nosotros mismos, y a llegar a lugares que quizá antes no nos habíamos imaginado.

«La perfección es una pulida colección de errores. «

– Mario Benedetti-

Cuando la exigencia es demasiado

Pero, ¿qué pasa cuando esta exigencia es demasiado?¿Cuándo la exigencia se nos va de las manos y nos invade? Es entonces cuando podemos sentir ansiedad, pensamos que no somos suficientes, que tendríamos que hacerlo mejor, y que no estamos haciéndolo todo lo bien que querríamos. La exigencia nos lleva a buscar el 100% de perfección, y esto nos lleva a castigarnos, machacarnos y olvidarnos de nosotros mismos. Nos boicoteamos y saboteamos internamente. Qué cansado. Qué agotador es esto de la exigencia.

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¿Qué pasaría si no tuviéramos ese saboteador interno?

El otro lado de la exigencia es el pasotismo. Es importante que en algún momento podamos vivir en este lado de despreocupación por las cosas. Una vez lo hemos vivido, estaría bien buscar un equilibrio. Un punto medio donde no nos castiguemos tanto, donde nos podamos perdonar, nos podamos dar tregua, y donde nos demos el permiso de equivocarnos.

Estaría bien dejar de buscar este lugar utópico de perfección absoluta. Porque en realidad la perfección no existe, y por tanto, nunca va a ser suficiente. Quizá vale la pena que pongamos nuestra energía y nuestros esfuerzos en nosotros mismos, en cuidarnos, en respetarnos y en dar lo que tenemos para dar pero no dar más de lo que tenemos.

¿Para qué sirve la exigencia?

Por tanto, un poco de exigencia está bien para movilizarnos, ahora bien, si nos pasamos el precio que pagamos es muy alto. El precio que pagamos es nuestra propia salud y nuestra propia vida.  ¿Estamos dispuestos a pagar este precio? Desgraciadamente mucha gente lo paga, lo que pasa es que no es consciente. Poner consciencia, poner atención y darnos cuenta que lo hacemos lo mejor que podemos y que no hace falta más ya es un paso importante. Ser flexibles, respirar, permitirnos tiempo para el ocio, el disfrute y las relaciones es un inicio para atar corto a nuestra exigencia.  Y sobre todo, cuidarnos mucho. Darnos cariño, abrazos propios.Todo eso ayuda a mantener a nuestra exigencia a ralla. Solo así, podemos estar más tranquilos. Porque si la exigencia nos domina, entonces, no hay tregua ni tranquilidad que valga. Vamos a estar siempre alerta.

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¿Cómo eliges estar tú? ¿Qué relación quieres tener contigo mismo? ¿Quieres tener una relación de no perdonarte, de machacarte y fustigarte? ¿O quieres tener, una relación de paz y tranquilidad contigo mismo? Tú eliges, nosotros elegimos. Y si ves que no te es posible elegir, siempre puedes buscar ayuda psicológica para que puedas quererte un poco más.

 Entonces, necesitas: cuídarte, mímarte y ser tú mismo, sólo así podrás encontrar un equilibrio entre tu saboteador interno y tu tranquilidad.

1 comentario en “La exigencia pesa”

  1. Hola, buenas tardes.
    Llevo un rato visitando la web y quiero enviar mi felicitación. Ha sido un provechoso hallazgo y ¡prometo regresar!
    Mi mejor amiga es así. Muy perfeccionista, nunca se permite un fallo por lo que sufre muchísimo y emplea mucho esfuerzo en casi cualquier actividad. Vista desde fuera (por mi) resulta que me parece brillante y muy capaz, pero ella no se ve así y sus tristezas recurrentes hablan.
    Yo he tratado de ayudarla en muchas ocasiones y la primera vez, mi sorpresa fue que ella me contó que sabía que todo lo que le ocurre provenía de una infancia en la que sus padres la valoraban por sus logros no por lo que era. Y ahora de adulta sabe eso, pero ante cualquier contratiempo (ella diría fracaso) enseguida piensa y a veces también dice: no valgo nada, soy una m… etc. Luego se le pasa y se exige más y más hasta que lo consigue, pero a mi me da mucha pena…, se debilita a sí misma.
    ¿Cómo puede ser que una persona sepa cual es la raíz de su problema y sin embargo no pueda resolverlo? ¿Puede la «programación» de la infancia o de los seres queridos causar tantos estragos en la vida adulta? ¿Cómo puedo ayudarla (si se puede)?
    Bueno mil gracias por leer estas líneas y ¡buenísimo día!

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