Sentir o no sentir esa es la cuestión

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Evitamos sentir cosas con la falsa percepción de que si no sentimos, no nos hará daño. ¡Qué equivocados estamos! Ojos que no ven corazón que no siente, dice el refrán. ¿Realmente podemos evitar el dolor? Es algo así cómo la creencia de que tenemos un interruptor que podemos apagar, para no sentir dolor, y las emociones en general, y de esa manera nos ahorramos sufrimiento. Evitar sentir las emociones nos conduce, en vez de a evitar el dolor, a añadir más dolor, al que ya hay. 

Evitar sentir emociones. Una falsa protección.

Muchas veces estando en consulta con los pacientes, al preguntarles que emoción están sintiendo comentan que  “no sienten nada”. Cada vez que alguien dice, no siento nada, me doy cuenta de lo desconectados que estamos de nosotros mismos, sin ser conscientes. Esta “desconexión”, entre emoción, cuerpo y mente, muchas veces tiene que ver con nuestras experiencias, y con cómo nos han enseñado a sentir.

Es posible que en nuestra família desde pequeños, la consigna fuera, “haz que no se note” el enfado, por ejemplo. O que implicitamente nos dijeran, “en casa no está permitido enseñar la tristeza”, o por el contrario, dijeran, “hemos de estar siempre contentos, cómo si no pasara nada”. Estos son tabús familiares, emociones bloqueadas que nos han ido enseñando desde nuestra infancia, y que sin querer, hemos ido incorporando en nuestra adultez. ¿Os suenan conocidas estas frases?

Otra posibilidad, es que debido a experiencias, traumáticas o muy dolorosas (en nuestra infancia o adultez) hayamos ido desarrollando la creencia de que las emociones nos hacen sufrir, y por tanto, “no me permito sentir”, porque si “siento las emociones, entonces el dolor es más fuerte”, en cambio sí las ignoro, existe la creencia de que “no sufro tanto”. Esto es una protección que usamos contra el dolor, pero que es altamente nociva para nosotros. Al final, nos causa, aún más sufrimiento del que teníamos. Creemos que nos volvemos insensibles al dolor, pero el dolor es inevitable y forma parte de la vida. Con el dolor también aprendemos, aunque duela.

Sentir demasiado. Las emociones me desbordan

La otra cara de la moneda, son las personas que sí que sienten, pero sienten demasiado. Y esas emociones que sienten tan intensamente, no saben cómo gestionarlas. En este caso, hay un derroche de energía impresionante, en el sentir. “Si río, río intensamente, si lloro, no puedo parar, si me enfado, no puedo controlarlo “. Además la expresión normalmente está muy magnificada, la intensidad es muy alta. Aquí hay que diferenciar entre las personas que intensifican todas las emociones, y las personas que solo se permiten una o dos, por ejemplo, si en mi familia, está permitida la rabia, pues me puedo enfadar mucho, pero quizás nunca ha estado permitido el miedo, entonces muy pocas veces voy a tener sensación de miedo.

Por tanto, digamos que como todos venimos de un sistema familiar, cada uno de nosotros tendrá emociones que sentirá y expresará más, y otras que menos. Unas estarán permitidas y otras bloqueadas dentro de nuestra familia y esto lo trasladamos a nuestra vida adulta sin quererlo.

Además de eso, hay estilos de carácter  dónde cuesta más conectar con la sensación corporal y la emoción y en cambio hay otros estilos de carácter que están excesivamente conectados con la emoción, y les desborda tanta intensidad.

Sentir emociones y transitarlas

La propuesta es que en vez de ignorar las emociones, para intentar protegernos del dolor, o exagerarlas para ser vistos, podamos gestionar las emociones desde un lugar más simple. Primero necesito sentir la emoción en mi cuerpo, ya sea agradable o desagradable, si no la juzgo, ni la pongo en los demás entonces voy a estar más tranquilo, aunque al principio no sepa bien bien como hacerlo. Por tanto, siento la emoción en mi cuerpo, la observo, identifico qué emoción es, la dejo que se quede un rato, la expreso si es necesario y veré como poco a poco se va disipando. Si me permito este recorrido, lograré estar más calmado y en paz conmigo.

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