Sácale partido al sufrimiento

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El sufrimiento, así como el placer, forman parte de la vida y no podemos escapar de ellos, son inherentes a todo ser humano. A lo largo de la vida todos vivimos situaciones que nos causan dolor ( un desengaño amoroso, la pérdida del trabajo, una discusión familiar, la muerte de un ser querido…) pero cada persona reacciona de manera diferente ante un mismo acontecimiento. El sufrimiento es, por lo tanto, la respuesta emocional ante una situación dolorosa, sea física o no. No se trata tanto del hecho en sí mismo, como del significado que le damos a la experiencia dolorosa; representa la sensación subjetiva, la vivencia interna de la situación que nos hace daño.

El sufrimiento, así como el placer, forman parte de la vida y no podemos escapar de ellos, son inherentes a todo ser humano.

A lo largo de la vida todos vivimos situaciones que nos causan dolor ( un desengaño amoroso, la pérdida del trabajo, una discusión familiar, la muerte de un ser querido…) pero cada persona reacciona de manera diferente ante un mismo acontecimiento. El sufrimiento es, por lo tanto, la respuesta emocional ante una situación dolorosa, sea física o no. No se trata tanto del hecho en sí mismo, como del significado que le damos a la experiencia dolorosa; representa la sensación subjetiva, la vivencia interna de la situación que nos hace daño.

Y, ¿qué hacemos con todo aquello que no nos gusta? Nos incomoda tanto que tratamos de evitarlo a toda costa, intentamos alejarlo lo más posible de nosotros  para no tener que enfrentarnos a aquello que nos duele. Aunque etimológicamente sufrir viene de la palabra latina suffere que significa literalmente sostener, la reacción más común que nos encontramos ante estas situaciones es la de apartar lo más posible de nosotros aquello que genera emociones que no nos gustan. Pero, ¿no sería más sano sostener, padecer, soportar, conceder o tolerar el dolor, antes que luchar contra él o darle la espalda?

Vivimos en una sociedad que tiene a negar el sufrimiento,  tenemos infinidad de formas de alejar o apartarnos del dolor tanto físico como emocional. En muchos botiquines caseros es común encontrar fármacos que nos permiten evitar el sufrimiento; nos tomamos una pastilla mágica y dejamos de sentir. Cuanto más lejos nos mantengamos de él, mejor estaremos, nos decimos a menudo. En ocasiones no nos damos cuenta de que esos malos momentos pueden representar la oportunidad que nos lleva a superarnos a nosotros mismos, ya que son precisamente los tiempos difíciles los que os permiten crecer.

Dicen que el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. Está claro que no podemos escapar del dolor pero podemos orientar nuestra reacción frente a él. ¿Qué hacemos con lo que nos sucede? ¿lo guardamos en cajón o nos enfrentamos a ello con valentía? Algunos autores proponen el sufrimiento productivo, que representa una opción consciente de sufrir con el fin de que la forma en la que lo pasamos mal, nos ayude a dejar de sufrir. Esta visión puede parecer algo paradójica, pero es la manera en que podemos sacarle partido al sufrimiento y aprender de él.

Y, ¿qué hacer con lo que nos duele? 

Propongo que empecemos por darnos cuenta de lo que sentimos. Ser consciente del dolor implica no engañarnos, ponernos frente a frente con él. Porque, cuando le permitimos su espacio, lo hacemos real, lo  tocamos, lo expresamos y lo experimentamos, entramos en el camino de la sanación, y poco a poco se va suavizando su intensidad.

En ese momento es más fácil poder escucharnos e identificar el dolor ¿Qué es lo que ha hecho que aparezca este dolor? Alguien de mi entorno, una discusión, un rechazo, una circunstancia…buscar la raíz del problema nos ayuda a enfrentarnos a él conscientemente, y así poder responsabilizarnos del sufrimiento para decidir qué hacer con lo que nos pasa. Sólo de esa manera estaremos en disposición de superarlo y aprender de él.

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