Pensar nuestras emociones nos ayuda a gestionarlas

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Generalmente nos sentimos indefensos cuando no sabemos lo que nos pasa y nos gustaría poder gestionar mejor nuestras emociones. En este artículo hablaremos sobre pensar nuestras emociones: percibirlas, comprenderlas, aceptarlas e incorporarlas a nuestra vida.

¿Te sientes a veces irritada/o y no sabes por qué? ¿Te enfadas con mucha intensidad pero te cuesta comprender que es lo que realmente te está doliendo? ¿O simplemente te sientes mal pero no puedes ponerle nombre a ese sentir? De hecho, una de la ideas más comunes con la que llegamos a las consultas es la de poder aprender a controlar nuestras emociones. Pero, ¿se trata de controlarlas? Más bien de gestionarlas.

A qué llamamos pensar las emociones

Pensar nuestras emociones tiene que ver con intentar dar sentido a nuestra conducta según el conjunto de emociones, sentimientos, intenciones, deseos o creencias que nos llevan a esa conducta determinada.  Pensar nuestras emociones es imprescindible siempre que nos permitamos sentirlas primero.

Un ejemplo sencillo: cuando comes, es porque tienes hambre. En este caso es fácil identificar tu estado previo a comer: el hambre. Pues cuando gritas, te enfadas, te vas de casa con un portazo, o cuando haces alguna conducta de riesgo para tu salud, también hay un estado previo que lo provoca. ¿Cuál es? No siempre es fácil saberlo.

Esta capacidad de pensar y comprender nuestras emociones es lo que un grupo de psicólogos denominaron la capacidad de Mentalización, a partir de la cual basaron  la (TBM) Terapia Basada en la Mentalización (Bateman, Fonagy, 2016).  En este artículo nos basaremos en sus aportaciones.

pensar las emociones

¿Qué es la mentalización?

Durante la  mentalización ponemos cabeza a nuestras emociones, es decir, le damos un vocabulario y lenguaje a las emociones. Es decir, razonamos los sentimientos para reflexionar sobre ellos. Comprender y poder percibir cómo nuestros estados mentales influyen en nuestra conducta, nos provee de un sentido de coherencia y seguridad, necesario para relacionarnos con los demás de una manera satisfactoria.

La capacidad de mentalizar tiene que ver también con pensar las emociones de los demás. Cuando somos capaces de comprender mejor a los otros, nos comprendemos mejor a nosotros mismos, y viceversa. Es lo que llamamos empatía. La empatía es la capacidad para percibir y comprender el mundo interno del otro, cuáles son sus deseos, miedos o conflictos que lo llevan a comportarse de una forma determinada.

Esta capacidad es básica en la gestión de los conflictos. Primero, porque mientras intentamos comprender al otro o a nosotros mismos la intensidad emocional disminuye. Segundo, porque si conseguimos comprendernos podremos expresar nuestras necesidades emocionales de una forma más sana.

Que ocurre cuando no podemos pensar las emociones

No siempre somos capaces de identificar y comprender nuestras emociones y estados mentales. Épocas de gran estrés, ansiedad, o ante situaciones donde nos sentimos muy vulnerables nos es más complicado ser conscientes de lo que sentimos. La capacidad de pensar en nuestras emociones no es algo estático, sino que es una capacidad personal que se ve alterada en diferentes circunstancias.

Cuando perdemos la capacidad de mentalizar, aunque sea momentáneamente, perdemos la capacidad de darnos cuenta de cómo nos sentimos y lo llevamos a la práctica directamente: “no pude pensar que estoy muy enfadado, y acabo gritando e insultando a mi pareja.”

«Es importante diferenciar el pensar emociones y racionalizarlas pues no son el mismo concepto».

-Bateman-

Racionalizar la emoción no es lo mismo que pensar la emoción. Si la racionalizamos no la sentimos, si la pensamos tenemos tiempo a tomar consciencia de ella.

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Las trampas del pensamiento, una forma de evitar las emociones

A continuación detallamos algunos pensamientos distorsionados típicos que nos hacen evitar las emociones o sentirlas de forma desbordada.

  • Equivalencia psíquica: Lo que yo pienso es lo que es. Si pienso que se están burlando de mí, es que se están burlando de mí.  Si pienso que esa persona es egoísta, es que es egoísta. Si pienso que toda la culpa es suya, es que la es. No se permite otras alternativas, ni matices, ni términos medios.
  • Simulación: Es el modo de pensamiento más cercano a la racionalización. Tiene que ver con hablar de sentimientos pero sin sentirlos. Todo se vive de un modo intelectual, desde la teoría, ficticio, no real. Este modo de pensamiento nos aleja de conocer y comprender realmente lo que sentimos
  • Teológico: Las soluciones mágicas. En este modo de respuesta la persona encuentra solución al sufrimiento que implica su estado mental a través de una acción concreta: alcohol, drogas, peleas o autolesiones son ejemplos de acciones concretas que un momento dado pueden sustituir el sufrimiento emocional, creando uno físico, sin posibilitar afrontar ese malestar.

¿Desde cuándo aprendemos a reflexionar sobre nuestras emociones?

Esta función se empieza a formar en la infancia a través de la estabilidad que nos proporciona un vínculo seguro, generalmente con la madre y el padre (Bateman y Fonagy, 2006).

Imaginemos un bebe llorando y una madre que trata de pensar en qué le estará pasando: ¿tendrá hambre, dolor de barriga, sueño? Lo más probable es que la madre no siempre acierte, pero esa actitud de pensar en el bebe es una actitud de mentalización.

Pensemos en un niño más grande, que se cae y se hace daño. Además, al no entender del todo lo que ha pasado se asusta. El padre, que está cerca acompañando, le dice algo así como: “estás asustado, y quizá enfadado porque te has caído, estoy aquí contigo”. En este caso, el padre ofrece a su hijo una capacidad de pensar y de sentir que el niño en ese momento no puede tener. Qué distinto sería decirle: “no llores, no ha pasado nada”.

5 actitudes que nos ayudan a pensar sobre las emociones:

Curiosidad sobre nosotros mismos y los demás

La curiosidad como herramienta para hacernos preguntas, que no nos den respuestas sencillas y reduccionistas sobre nuestro comportamiento, sino que nos permita ir más allá.

Consciencia del impacto de nuestros actos

Ser conscientes de que nuestros actos tienen un impacto emocional en los demás, y que ese impacto puede no ser el que buscábamos o esperábamos.

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Consciencia sobre la dificultad para entender al otro

Si creemos que sabemos seguro porque una persona ha actuado de una forma determinada seguramente nos equivocaremos. Una actitud prudente nos ayudará a mostrarnos más empáticos.

Apertura y disponibilidad para a aceptar distintas realidades

tendemos a pensar que solo hay una realidad y que todos reaccionamos igual a ella. Mentalizar tiene que ver con comprender que cada persona percibe la realidad de una forma distinta y personal.

Confianza

La confianza en los demás nos ayuda a sentirnos suficientemente tranquilos como para abrirnos a comprender, la desconfianza en cambio nos lleva a cerrarnos.

La terapia es un espacio seguro para poder descubrir las emociones

El proceso terapéutico está basado en ese vínculo seguro que promueve el poder pensar sobre las emociones, sentimientos, deseos o creencias del paciente.

A través del proceso, puedes: comprenderte mejor a ti mismo y a los demás, aprender a regularte emocionalmente, disminuir la impulsividad y las conductas violentas y/o autodestructivas, y mejorar tus relaciones interpersonales.

Bibliografia

Bateman, A.W., Fonagy, P. (2006). «Mechanism of change in mentalization based treatment of borderline personality disorder». Journal of Clinical Psychology. 62 (4): 411–430.

Bateman, A. & Fonagy, P. (2016), Mentalizaton-Based Treatment for Personality Disorders. A Practical Guide. Oxford: Oxford University Press.

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