Descubriendo a mi sombra

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Cada uno de nosotros tenemos una parte de luz y una parte de sombra. Hay una parte de nosotros mismos que nos gusta y es la que tendemos mostrar hacia los demás. Por lo general, pocas veces permitimos que nuestra sombra se asome en nuestra vida, porque la tendemos a juzgar y evitar. Si por ejemplo, soy una persona muy permisiva, pocas veces voy a sacar a la luz mi parte más dura o estricta, o si enseño mi parte más dulce, voy a intentar evitar mostrar mi parte de enfado. Me va a ser más fácil, reconocer mi sombra en los demás que en mí mismo. ¿Es posible que veamos nuestra sombra como un elemento a explorar y no cómo algo a evitar? 

Proyectando nuestra sombra

La sombra que todavía no ha sido integrada en nuestra conciencia provoca que proyectemos nuestra parte oscura en los demás. Proyectar significa ver en los demás cosas que en realidad nos están pasando a nosotros mismos. «Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, que la viga en el propio». dice el refrán popular. La sombra que vemos en los demás, y que no somos capaces de ver o de aceptar en nosotros mismos, causa en nuestras relaciones diarias, gran parte de nuestros conflictos en relación a los demás. co Acusamos a los demás de aspectos que tenemos en nuestro interior y que no nos gusta reconocer como tales. Por ejemplo, puedo decir: «Te veo muy enfadado, cálmate. En vez de; en realidad el que está enfadado soy yo, y no puedo reconocerlo»

Jung decía:

«Cuando un individuo hace un intento para ver su sombra, se da cuenta (y a veces se avergüenza) de cualidades e impulsos que niega en sí mismo, pero que puede ver claramente en otras personas, cosas tales como egotismo, pereza mental y sensiblería; fantasías, planes e intrigas irreales; negligencia y cobardía; apetíto desordenado de dinero y posesiones…»

Aceptando e integrando nuestra sombra

Que la sombra se convierta en nuestra amiga o en nuestra enemiga es cuestión de cada uno de nosotros. Si podemos ver a nuestra sombra como algo más que una cosa a evitar, podemos también dar un sentido a esa sombra. El trabajo de cada uno es poder observar, reconocer y aceptar todos aquellos aspectos de nosotros mismos que ahora evitamos o ni si quiera intuimos.

Cuanto más podemos observar y detectar nuestras partes ocultas, aquellas que no nos permitimos mostrar ante los demás e incluso ante nosotros mismos, más podremos aceptarnos a nosotros y también a los demás.

Percibir la sombra es como mirarse en un espejo que nos muestra los recovecos de nuestro inconsciente personal, y, por lo tanto, aceptar la sombra es aceptar el ‘ser inferior’ que habita en nuestro interior». Jung

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