Cuando pensamos en exceso

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Vivimos en una sociedad donde se da mucha más importancia al pensar que al sentir. Cuando el pensamiento y la racionalización invaden nuestra vida, esto puede llegar a ser algo agotador. ¿Qué pasa si pensamos más que sentimos? ¿Es bueno pensar? ¿En qué me ayuda y en qué me dificulta? Saturinio de la Torre, habla del concepto de «sentipensar» y lo define como el equilibro de ambos procesos. Si no equilibramos la balanza, la razón nos puede llevar a evitar determinadas emociones y sentimientos que tenemos en nuestro interior. 

Beneficios del pensar

Primero de todo me gustaría destacar algunos de los beneficios que tiene el pensamiento.
 

  • Nos ayuda a reflexionar sobre nuestras ideas
  • Nos ayuda a comprendernos a nosotros y al mundo.
  • Nos ayuda a despertar nuestro espírtu analítico y racional.
  • Nos ayuda en muchas ocasiones a resolver problemas y buscar soluciones alternativas.
  • Nos ayuda ha hacer planes y proyectar hacia el futuro.
  • Nos ayuda a ordenar nuestras ideas
  • Nos ayuda a poder construir y determina el lenguaje.
  • Nos ayuda a crear diferentes clasificaciones de pensamientos

Explicitados todos estos beneficios, me gustaría poder explicar qué ocurre cuando sólo pensamos y dejamos a las emociones a un lado, las negamos o las tapamos, racionalizando nuestra vida en exceso.

Pensar no siempre ayuda

Hay veces que intentamos solucionar nuestros problemas, racionalizando en exceso, sobrecargando nuestra mente. En ocasiones, nuestro pensar, se convierte en un mecanismo defensivo, que tapa diversas emociones que no podemos/queremos/ sabemos afrontar. Otras veces pensar en exceso, nos evita encarar una situación que estamos evitando.

Entonces pensar no siempre ayuda, en el sentido de que a veces pensar evita entrar en contacto con nuestras emociones. Por ejemplo, imagina que has tenido una fuerte discusión con tu hermana, y quieres arreglarlo, pero no sabes cómo. Si racionalizas en exceso, puedes empezar a pensar de quién ha sido la culpa, quizás ha sido culpa mía, quizás ha sido su culpa, y ahora qué hago, cómo soluciono esto, y empezar a agobiarte. Ahí, es posible que no te estés dando cuenta de que hay debajo de ese agobio.En cambio, si das un lugar a tus sentimientos en ese momento, puede ser que notes, que te sientes enfadado con ella, que eso te pone triste, y desde la emoción a veces es mucho más fácil solucionar un conflicto.

En nuestra cultura occidental que premia la razón por encima de lo demás casi todo se intenta solucionar analizando las cosas, anticipando y hablando, incluso con nosotros mismos. Nuestro diálogo interno normalmente es el que más nos acaba agobiando. Muchas veces los pensamientos y creencias no sólo no nos ayudan a cambiar aquello que anhelamos sino que se convierten  ellos mismos en focos de problemas.

Poder reconocer qué no sólo tengo una mente que piensa sino que tengo emociones y un cuerpo que me da señales de cuando algo no está bien, es el primer paso para equilibrar la balanza entre pensamiento, emoción y cuerpo.

Si además de por nuestros pensamientos nos guíamos por nuestra brújula emocional interna, en vez de analizar nuestra vida, la podemos VIVIR.

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