Cuando la mente va antes que el cuerpo

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En muchas ocasiones la mente va antes que el cuerpo, pues este necesita un tiempo para adaptarse la velocidad a la que van tus pensamientos. A causa de la difícil relación entre la mente y el cuerpo a veces nos cuesta adaptarnos a los cambios y necesitamos ir con calma para que puedan encontrarse en un mismo punto.

Por ejemplo:

Llevas una semana de mucho estrés y estás deseando que llegue el fin de semana para poder descansar. Sin embargo, te sientes aún tensa y con ansiedad el sábado por la mañana.

Justo te acabas de mudar a un nuevo piso, y aunque ya hace unas semanas que estás instalada, aún sientes que no es tu casa“.

Empiezan tus vacaciones, no obstante, después de un vuelo de 8 horas y dos días ya en el paraíso, aún no logras desconectarte del trabajo“.

¿Te suenan algunas de estas situaciones? ¿También te pasa a tí? No te preocupes, es muy común. Esta dificultad para adaptarse a los cambios o nuevas situaciones se debe a un problema entre la relación entre mente y cuerpo ¿Y qué significa esto?

El cuerpo necesita más tiempo para adaptarse

Tus pensamientos pueden ser muy rápidos en entender las nuevas consignas: “ya estoy en fin de semana, por lo que me puedo relajar”, “ahora vivo aquí”, “tengo 15 días de vacaciones” o “ahora tengo que hacer este excel”. No obstante, tu cuerpo necesita más tiempo para adaptarse a la voz de tus pensamientos.

cuando la mente va antes que el cuerpo chica mirando ciudad

Esta adaptación a la nueva situación se llama transición y es un concepto clave para poder gestionar este tipo de circunstancias de una forma más eficiente. Cuando hacemos referencia al término transición, nos referimos al tiempo comprendido entre que cambias de una situación/estado u actividad a otra nueva.

En este lapso de tiempo, tu mente lo realiza muy rápido ya que le es fácil comprender la nueva consiga que le das y ubicarse en la nueva realidad, ya que es un proceso muy cognitivo. No obstante, tu cuerpo necesita más tiempo ya que debe hacer frente a cambios neurofisiológicos y emocionales.

Beneficios de transitar los cambios de forma consciente

Todas aquellas transiciones que realizas sin poner consciencia van a ser más lentas y difíciles. Para poder transitar de una situación a otra, necesitas darte cuenta de lo que implica, a qué renuncias y qué conlleva la nueva situación.

De esta manera, transitar de forma consciente te va a permitir cerrar tus proyectos en paz y realizar los nuevos con permiso y energía. Por lo tanto, poner consciencia en tus transiciones es esencial a la hora de finalizar etapas y que éstas no queden en nada ni abiertas.

“Para poder transitar de una situación a otra, necesitas darte cuenta de lo que implica, a qué renuncias y qué conlleva la nueva situación”.

Alba Calzada, psicóloga

No todas las transiciones requieren del mismo nivel de consciencia. Hay algunas transiciones que te van a ser, seguramente, muy fáciles y rápidas. Por ejemplo, el tiempo entre que detectas que tienes sed y consigues un vaso de agua o por ejemplo, todas las acciones que realizas entre que te levantas y sales de casa para ir a trabajar, que es un proceso casi automatizado.

No obstante, existen otro tipo de situaciones o cambios en los que te va a ser más difícil realizarlos de forma rápida y en las que es bueno aumentar tu consciencia.

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4 estrategias para transitar de forma consciente

Date cuenta de las implicaciones

Dedica un tiempo a reflexionar sobre qué conlleva este cambio o nueva situación. Por ejemplo: irte de vacaciones implica dejar tu rol profesional, ya no debes estar pendiente de tantas obligaciones. Implica pasar de un ritmo acelerado a un ritmo más tranquilo, lleno de disfrute y calma.

Cierra progresivamente la actividad

Otra estrategia es, siempre y cuando te sea posible, cerrar el estado o la actividad de forma progresiva. Hacerlo de forma repentina, siempre te va a dificultar la tranisición. Por ejemplo: Si es tu último día de trabajo, durante toda la semana puedes ir cerrando los temas.

Empieza por los asuntos que te generen más estrés y deja las actividades más fáciles para el final. Cuando te falte 1 hora para terminar, pon énfasis en tu respiración, para ir soltando y dándote cuenta de que entras en la recta final.

Permítete relajarte

Este punto es esencial. Es muy importante que te des un “permiso simbólico” para que puedas realizar realizar la transición de la forma más coherente e integrada. Esto significa que te tienes que hablar a ti misma, por ejemplo: “Hoy es mi último día de vacaciones, me permito dejar todas mis responsabilidades y preocupaciones del trabajo aquí en la oficina y cuando vuelva en 2 semanas, lo voy a retomar. Pero ahora, tengo unos días para relajarme y disfrutar”.

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Practica el Mindfulness

La meditación basada en el “aquí y ahora” siempre te va a aportar beneficios a la hora de vivir tu presente. El mindfulness te permite tomar consciencia de tus pensamientos, tus emociones y tu cuerpo en cada momento. De esta forma será más fácil ir transitando los cambios que vayas experimentando en tu día a día.

Sin prisa pero sin pausa

Pueden intervenir otros conceptos que pueden dificultarte la transición . Por ejemplo, si sabes gestionar la incertidumbre o bien si tiendes a querer controlar las situaciones, También te pueden condicionar las resistencias inconscientes al cambio o las habilidades que tengas para gestionar tus emociones.

No obstante, aunque puedan intervenir todos estos procesos, es importante que puedas poner conciencia en tu transición para evitar que tu mente vaya antes que tu cuerpo. Es importante que conozcas que estilo de transición realizas. Hay gente que transita de forma muy lenta y otras de forma muy rápida, sin darse casi tiempo para hacerse a la idea.

Ten en cuenta que cualquier de los dos extremos te puede conllevar dificultades. Si sientes que tus transiciones te dificultan en la adaptación a nuevas situaciones o circumstancias, un proceso de crecimiento personal te puede ayudar a conocerte mejor.

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