Cómo sobrevivir a la cena de Navidad

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Ya está aquí la cena de Navidad y con ella el amplio abanico de emociones y sentimientos que la acompañan. A algunas personas esta cena nos genera ilusión, entusiasmo o alegría ante la posibilidad de juntar a la familia, a algunas otras personas nos puede generar tristeza por las personas que ya no están, nostalgia de otras épocas, e incluso aburrimiento, pereza o indiferencia al no sentirnos preparados para vivir este día con la positividad que se nos impone, y vivirlo como una obligación.

Pero la realidad es que lo más probable es que ahora que se acerca el momento sintamos una mezcla de todas esas emociones. Lo que está claro es que aunque pueda parecer que es una simple cena de celebración, es mucho más que eso, pues está cargada de significados, el más claro de todos ellos, el encuentro o reencuentro con nuestros familiares.

Es por eso, que es probable que ahora que se acerca este día sientas con la misma intensidad deseo de que llegue y temor ante la posibilidad que no salga bien, que no te sientas bien, que aparezcan conflictos interpersonales con tus familiares, o que la cena no responda a las expectativas que te habías hecho.

¿Por qué vivir la cena de Navidad con alegría no es tan sencillo?

La cena de Navidad como exigencia de felicidad: debería estar feliz pero también me siento triste

Es fácil que ante esta cena nos sintamos con la obligación de estar felices, de sentirnos alegres, divertidos y de dar lo mejor de nosotros mismos. Los mensajes que recibimos socialmente van esa dirección. Además, cuando éramos niños vivíamos estas fechas con una ilusión muy intensa, y parece que ahora de adultos nos autoimponemos sentir lo mismo y con la misma intensidad.

Esta exigencia nos puede llevar a frustrarnos si sentimos que no podemos estar emocionalmente al nivel que nos gustaría, pues acompañando la ilusión y la alegría que sentimos también pueden aparecer otras emociones como la tristeza y nostalgia.

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Las pérdidas y la soledad: debería sentirme acompañado, pero me siento sola/o

Sin duda aquello que hace que la cena de navidad sea más difícil son las ausencias. Las personas que ya no están. Es el momento de encuentro familiar más importante del año, donde nuestro deseo es estar con las personas que realmente queremos. Es por eso que es el momento en que más presentes se hacen las pérdidas, y donde aún y estando más acompañados que en ningún otro momento del año nos podemos llegar a sentir más solos.

Los conflictos familiares: debería sentir cercanía y afecto hacia mis familiares, pero me siento distante y tenso.

Otro aspecto que a menudo nos asusta de la cena de Navidad son los posibles conflictos que se pueden dar con nuestros familiares. Nos juntamos con personas que son de nuestra familia pero no por ello dejan de ser diferentes a nosotros en muchos aspectos.

Puede que salgan en la conversación algunos temas de actualidad polémicos, además sabemos que todos los temas tienen que ver siempre con uno mismo, con cómo somos, con nuestros valores, o con aquello con lo que nos identificamos. Por lo tanto la discusión se puede convertir en una lucha para defender nuestro ego y nos podemos sentir ofendidos u ofender a alguien si no vamos con cuidado.

Y si hay temas de actualidad delicados no es menos peligroso el aprovechar esta cena para abordar asuntos pendientes con algún familiar. Es probable que uno de nuestros miedos sea que en algún momento de la cena puedan resurgir problemas o tensiones entre familiares que no han estado resueltas.

Otro aspecto que nos puede impedir disfrutar de la cena de Navidad es la rivalidad, los celos.

 Este día es frecuentemente el único momento donde nos juntamos gran parte de la familia. Y de alguna forma nos podemos sentir observados, e incluso juzgados, a la vez que observamos a los demás: cómo nos va el trabajo, en que momento vital nos encontramos, si tenemos o no tenemos pareja, hijos, etc. Y, por supuesto, lo mismo podemos hacer nosotros con los demás. Desde ahí, si no intentamos ser cuidadosos, podemos caer en comparaciones y rivalidades que no nos permitan disfrutar de las relaciones.

Finalmente, y no por ello menos habitual, en los días posteriores a la cena o incluso al final de la misma, puede aparecer cierta desilusión, frustración o arrepentimiento al tener la sensación de que no hemos aprovechado la oportunidad y de que hemos pasado de puntillas por la cena sin disfrutar de nuestros seres queridos.

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Antes del encuentro, puede que tengamos la ilusión de estar y compartir momentos con algunos familiares, pero al finalizar, nos demos cuenta de que no hemos sido capaces de conseguirlo.  Si esto ocurre, nos podemos sentir igual de lejanos a nuestros familiares de lo que nos sentíamos antes de empezar la cena.

Algunas ideas para sobrevivir a la cena de Navidad y disfrutarla

Permítete sentir: Si al llegar el día, o incluso ya desde hace días, sientes emociones encontradas, no tienes por qué esconderlas. No te juzgues por ello. No es extraño que puedas sentir tristeza, nostalgia o incluso pereza ante esta cena. Como hemos visto, son fechas con muchos significados, y algunos de ellos nos hacen sentir tristes. Eso no significa que no quieras a las personas que van a estar ahí. Exigirte no sentir alguna emoción solo te hará estar peor, seguir atrapado en ella. Permítete sentir, por ejemplo, la tristeza, conecta con ella y exprésala, y quizá así pueda ir apareciendo también la alegría y la ilusión.

Comparte tus emociones, déjate acompañar.  Si intentas que los demás no noten tu dolor, te sentirás muy solo. Dejarte acompañar por tus seres queridos, exprésales cómo te sientes y que ellos te puedan expresar lo que sienten. Puede que descubras que ellos también sienten una mezcla de emociones. En los duelos, recordar juntos a las personas que ya no están puede serte de gran ayuda.

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Evita la rivalidad, los temas polémicos y los asuntos pendientes. No es el día adecuado para ello. Recuerda que estás ahí porque quieres estar. Porque esas personas te importan y porque quieres formar parte de ello.

Estas rodeado de tus seres queridos. Aprovéchalos, Aprovecha la cena de Navidad. Disfruta de ellos y que ellos puedan disfrutar de ti. Los temas de actualidad, política, televisión o redes sociales, pueden dejar fuera de la conversación a parte de la familia: generalmente los miembros más jóvenes, niños y adolescentes, y los más mayores, nuestros abuelos y abuelas.

Quedar fuera de la conversación aumenta la vivencia de soledad de algunas personas. En cambio, hablar sobre las vidas propias de los protagonistas de la cena, sobre las situaciones que han vivido y sobre las decisiones que han tomado o tomarán en su vida, despierta el interés de todo el mundo. Trata de hablar de estas cosas también, la vida personal es más inclusiva y fomenta la unión y el compartir mucho más de lo que lo hacen los temas superficiales.

Pregunta a tus seres queridos. Permítete sentir curiosidad por sus vidas y atrévete a preguntar. Seguro que hay muchas cosas que desconoces y que te ayudarían a conocerlos mejor, a entender mejor sus vidas y a sentirte más próximo a ellos. Cuando preguntamos a alguien con interés genuino por su vida y su experiencia se crea un vínculo especial de confianza y respeto. Recuerda que no ves cada día a familiares, esta puede ser una oportunidad para conectar con ellos.

Escúchalos con atención. Escucha para intentar comprenderlos, no para juzgarlos. Puede que tú no hubieras hecho lo mismo que ellos, pero trata de comprender lo que te cuentan. Escuchar te ayudará a conocerlos mejor, a comprender cómo son y por qué no, a aprender de sus vivencias y experiencias. Si consigues preguntar y escuchar con interés, las personas se sentirán valoradas y respetadas.

Ábrete tú también. Comparte tus vivencias, tus experiencias, tus preocupaciones y deseos. Te puede hacer sentir tan bien el ser capaz de preguntar y escuchar a tus seres queridos como el ser capaz de compartir y expresar tus propias vivencias. Permítete que te conozcan un poco más. Te sentirás mucho más partícipe y te ayudará a sentirte incluida en la familia.

La cena de Navidad una buena ocasión para sentirte bien con los tuyos

Como hemos visto disfrutar la cena de Navidad puede ser una tarea más costosa de lo que imaginábamos. No obstante, si nos permitimos mostrarnos tal y como nos sentimos en ese momento, confiamos en las personas que nos rodean para poder compartir nuestros sentimientos con ellos, y nos interesamos por sus vidas dando valor a lo realmente importante, podemos conseguir sentirnos acompañados, conectados y unidos con nuestros seres queridos.

Desde el equipo de Psicoemocionat os deseamos que paséis unas felices fiestas, y una buena entrada de año!

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