Cómo gestionar una decepción

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¿Sabes gestionar una decepción? Sentirse decepcionado es una experiencia inherente del ser humano. Alguna vez te ha costado afrontar la decepción por no conseguir un puesto de trabajo que deseabas? ¿Te ha decepcionado el trato que has recibido de alguien importante para ti? O, ¿Has tenido que lidiar con la decepción contigo mismo por no conseguir aquello que te habías propuesto?

Si es así,  es porque te relacionas con las personas y te mueves hacia tus objetivos y proyectos con una serie de ilusiones, deseos, y anhelos que no siempre acaban correspondiendo con la realidad. Este hecho genera dolor y sufrimiento, pero ser capaz de afrontarlo y gestionarlo te permite seguir avanzando en tu camino.

¿Qué es una decepción?

La decepción es un sentimiento muy complejo que se nutre de diferentes emociones. Este sentimiento aparece cuando no se cumplen nuestras expectativas ante algo o alguien importante para nosotros, y pasa algo para lo que no estábamos preparados emocionalmente.

El sentimiento de decepción es un sentimiento de pérdida. Perdemos aquello que habíamos imaginado, deseado, y quizá ya incorporado a nuestra vida. Al tratarse de una pérdida, sentimos emociones parecidas a las del duelo. Puede aparecer un sentimiento profundo de sorpresa y pena por la pérdida, de enfado con la causa decepcionante y con uno mismo, por haberse hecho expectativas, y de impotencia.

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Las decepciones pueden llevarnos a una pérdida de confianza con las capacidades y recursos de uno mismo y con los de los demás. Esta es una perdida peligrosa, pues sin confianza nos protegemos en exceso de generar nuevas expectativas, y por lo tanto nos quedamos estancados. Nos domina el miedo a sufrir. Algo muy habitual es que alguien que se haya sentido profundamente decepcionado ante una relación amorosa se proteja en exceso y evite vincularse emocionalmente de nuevo.

Qué factores influyen en las expectativas que tenemos

Afortunadamente las personas ponemos expectativas ante todos los aspectos importantes de nuestras vidas. Las expectativas nos ayudan a ilusionarnos y motivarnos, aunque como venimos diciendo, es importante ser conscientes de cómo son estas expectativas y estar preparados también para afrontar ciertas decepciones.

Los vínculos amorosos

Cuando nos vinculamos afectivamente con alguien ponemos muchas expectativas sobre la relación: cómo nos va querer, a cuidar o sobre los proyectos comunes. A veces nosotros no comunicamos bien nuestras expectativas, las damos por hechas, pero la otra persona tiene las suyas propias.

Por ejemplo, una persona puede necesitar para sentirse querida  que la llamen tres veces al día, pero para su pareja eso puede significar falta de confianza o necesidad de control. . Si estos aspectos no son hablados y puestos en común generan decepciones: “si no me llama es que no me quiere”.

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Las relaciones familiares

Esperamos muchas cosas también de nuestros familiares. Padres, madres, hermanos. A menudo esperar cosas que no nos pueden dar genera mucho dolor y una búsqueda constante de aquello que no llega.  Aceptar los que nos pueden dar nos permitira valorarlos mas y no decepcionarnos.

El ámbito profesional

A nivel profesional también generamos muchas expectativas. Ser capaces de afrontar las decepciones que pueden aparecer en nuestra práctica profesional nos ayudará a crecer en este ámbito y a ser mejores profesionales.

La relación con uno mismo

También tenemos muchas expectativas puestas en uno mismo. Lo que en psicología nombramos el ideal del yo. Tener expectativas nos ayuda a confiar en nosotros y a trabajar para crecer personalmente, pero esas expectativas de ser ideales, no idealizadas. Si me idealizo, pero no conozco realmente mis fortalezas y debilidades, me puede sentir constantemente decepcionado.

Las expectativas impuestas por los demás

En relación al punto anterior, las expectativas hacia nosotros mismas deben ser lo más nuestras posibles. A menudo vivimos tensionados por expectativas que otros han puesto en nosotros pero que no responden a deseos o valores propios. Responder a  las exigencias que los otros han puesto en nosotros nos puede hacer sentir que nos hemos fallado a nosotros mismos y perdernos el respeto.

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Comprender cuánto proyectamos

No siempre somos realmente conscientes de las expectativas  y los miedos que tenemos, por ejemplo, hacia las relaciones personales. En este escenario se puede dar lo que llamamos la profecía auto cumplida.

Pensemos en una persona que tiene mucho miedo a que la rechacen. Esa persona, ante una decepción respecto a sus expectativas en una relación (por ejemplo, que la pareja no quiera quedar un fin de semana), se sentirá rechazada, aunque la otra persona no quiera rechazarlo realmente.

La mayoría de las cosas decepcionan hasta que miras más profundamente. -Graham Greene-

Ocurre algo cómo “sabía que me iban a rechazar y me han rechazado”. Ser conscientes de estos miedos nos permite comprender empáticamente al otro y evitar la profecía autocumplida. De esta manera podremos gestionar una decepción mejor.

Aceptar la realidad

Aceptar la realidad es el primer paso para gestionar una decepción. Elaborar los sentimientos de duelo que se derivan de una decepción. Ello implica, no proyectar demasiado, no idealizar demasiado, y responsabilizarnos de nuestra parte más que no culpabilizarnos, ni a nosotros mismos ni a los demás.

Permitirnos sentir

La decepción vendrá acompañada de tristeza, rabia, frustración e incluso miedo ante nuevas decepciones. Permitirnos sentir estas emociones y comunicarlas con nuestros seres queridos nos ayudará a elaborarlas, a comprendernos y a sentirnos preparados para volver a intentarlo.

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Tratar de darle sentido

Si aceptamos la realidad y nos permitimos sentir nos encaminamos al autoconocimiento y hacia el crecimiento personal. Ahí nos podemos dar cuenta de lo que realmente queremos o necesitamos, y al descubrirlo, somos capaces de darle a la decepción un significado y un sentido para nuestra vida.

Un ejemplo es aquella persona que después de una decepción profesional y/o con uno mismo es capaz de darse cuenta lo que realmente le llena y sabe hacer y puede dar un giro hacia otro ámbito profesional que le satisface y realiza.

Perseverar y confiar

Si somos capaces de no perder la confianza en nosotros mismos ni en los demás podremos perseverar en nuestros objetivos de una forma madura y real. No se trata de confiar en que la vida nos dará lo que pedimos, sino confiar en nuestras capacidades y recursos personales para encontrar y conseguir aquello que deseamos.

La mejor manera de saber si puedes confiar en alguien es confiando -Ernest Hemingway-

El autoconocimiento nos ayuda a aprender de las decepciones

Si sientes que has perdido la confianza contigo mismo o con los demás,  te proteges demasiado de las relaciones o de tus proyectos vitales, o te cuesta conectar con tus deseos e ilusiones, quizá no estás pudiendo elaborar sentimientos profundos de decepción.

Cómo has visto no hay un solo camino para gestionar una decepción. Conocer cómo son tus expectativas ante las vida, cuáles son tus miedos ante la idea de que esas expectativas no se cumplan te ayudará a manejar la decepción.

Sobretodo indagar en cuáles son tus fortalezas y capacidades te permitirá transitar las decepciones con aprendizaje y crecimiento personal y encontrar los caminos que te satisfagan.

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