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¿Dónde pongo el límite?


¿Dónde pongo el límite?

Me doy cuenta que muchas veces nos sentimos incapaces de poner límites a los demás e incluso a nosotros mismos, ya sea porque en nuestra historia personal no hemos aprendido a hacerlo, o porque nos invade algún tipo de miedo a perder algo que nos es propio. Y es que, a veces, cuando hablamos de límites nos situamos desde la pérdida. Pérdida de libertad, falta de espontaneidad,...los entendemos como normas que nos sancionan, nos invalidan y nos impiden disfrutar de la vida.

Nos parece que poner límites significa dejar de ser auténticos, perder relaciones sociales o impedir el crecimiento autónomo de nuestros hijos, pero los límites representan esas normas internas que nos permiten la estructura desde la que poder decidir de forma autónoma, libre y responsable, nos aportan seguridad, unidad y conciencia de ser y cuando carecemos de ese criterio interno perdemos el rumbo y nos sentimos perdidos.

Por tanto, se trata de normas que nos ayudan a tener una estructura propia, nos confieren identidad, nos definen como personas únicas y nos permiten distinguir entre lo que somos y lo que no; nos ayudan a saber lo que pensamos, lo que sentimos y lo que queremos; y, por supuesto, nos permiten distinguirlo de lo que no pesamos, no sentimos o no queremos. Por eso, tener criterio propio implica tener cierto nivel de coherencia interna, conocer nuestros deseos, nuestras emociones y nuestro pensamiento, e implica saber decidir sobre la propia vida y regularse en base a criterios propios, y no ajenos.

Es por eso que cuando tenemos bien definidas nuestras fronteras internas nos conocemos mejor a nosotros mismos, somos más libres y más autónomos, mejora nuestra autoestima y nos sentimos más capaces de poner límites a los demás, ya sea a nuestros hijos, nuestros amigos, o a nuestro entorno social, pues habremos conseguido la estructura y el conocimiento necesarios para hacerlo.

Y, entonces, ¿Dónde pongo el límite? Como hemos dicho se trata de normas que nos tienen que aportar cierto nivel de congruencia interna,  entonces, seguramente, para establecer mis propias fronteras tengo que reconocer que todavía me queda mucho por aprender a través de las diferentes experiencias vitales y, a partir de ahí, empezar  a escucharme desde la autenticidad. Puede ser un buen comienzo ponerme frente al espejo y preguntarme qué pienso, qué quiero, y, sobre todo, cómo me siento.  

Para empezar, es importante valorarnos como personas únicas que merecemos el respeto de los demás, saber hasta dónde permitiremos que superen nuestras fronteras, puede mejorar nuestras relaciones sociales.

 Nunca es tarde para dejar de lado las inseguridades y el miedo al rechazo que nos han acompañado a lo largo de nuestra historia e intentar conocernos mejor, estableciendo una nueva mirada desde la que nos vamos a relacionar con nosotros mismos y con el mundo. 

 

Publicado: 04/05/2015

Cristina Laguna
Psicóloga colegiada 15.749
www.psicoemocionat.com
Licencia de Creative Commons
Este obra cuyo autor es Psicoemocionat está bajo una Creative Commons
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Comentarios

Mia Destiny:

Gracias por el artículo, me ha sido de mucha ayuda, es muy difícil poner límites a veces y nos sentirse egoísta, al menos a mi me pasa.
Un abrazo!

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